sábado, 29 de octubre de 2011

La fantasía es mi escape...

¿Recuerdas mis sueños? Creo que nunca te los dije, así que la pregunta es estúpida. O tal vez los identificaste en mi mirada, si es que alguna vez la sentiste. No... creo que no reparaste en ella, pero a veces todavía me gana la fantasía y pienso que al pasar junto a mí también existía esa tensión en ti.

Quizá extienda mis palabras en un esfuerzo catártico. Debo decir que sigues causando ese impacto como si fuese la primera vez que escucho tu risa, una partitura que merece ser analizada por la semiótica de la música; ondas sonoras que viajan presumiendo la estela de niña que aún vive en ti, cometa luminoso que convierte todo el entorno en segundo plano.

Y de nuevo pienso en ti de esta forma, cuando en realidad iba a decirte que quizá mis sueños se fueron al limbo aquella noche en que la Luna dominó mis torpes acciones. Estabas ahí; lo recuerdo bien. ¿Habrás notado mi presencia entre los fantasmas? Fue obvio, aunque no sé si te haya importado mucho el hecho de que aquella sombra se aferrara a mí en el momento menos conveniente.

A veces creo que estas preguntas son ridículas. Quizá esta incertidumbre sea desgastante; es como tratar de atinar la trayectoria de una hoja seca que caerá en algún punto de la vereda durante el otoño sin tener en cuenta la dirección y velocidad del viento.

Y sin embargo, pasas radiante, feliz, deleitando al aire con tu risa, mirando siempre al frente y tan distante de lo malo que hay en los fantasmas del mundo, aquellos que juegan contigo como las ramas de los árboles cuando rebotan las gotas de lluvia de aquí para allá.

Pero todo esto es una ficción mental que quisiera fuera realidad y no sólo un millón de pensamientos que invaden mi cabeza los pocos segundos que puedo mirar tus ojos inmensos, expresivos y alegres, mujer.

La fantasía es mi escape...

No hay comentarios:

Publicar un comentario